
La sistema inmune es la clave que explica por qué un mismo virus respiratorio provoca apenas un catarro en un niño y, sin embargo, un cuadro grave y debilitante en un adulto. No es el patógeno el que cambia, sino la respuesta del organismo que lo recibe. Así lo señalan especialistas en Enfermedades Infecciosas, Pediatría y Atención Primaria, que destacan el papel de la edad, la memoria inmunológica, la inflamación y las enfermedades previas.
El sistema inmune marca la diferencia
Aunque el virus sea el mismo en bebés y adultos, los resultados clínicos pueden ser muy distintos. “La respuesta se encuentra en el sistema inmune”, explica el doctor Luis Buzón, portavoz de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC), en declaraciones a Europa Press Salud Infosalus.
En la misma línea, el doctor Roi Piñeiro, vocal de la Sociedad Española de Infectología Pediátrica, subraya que el huésped es determinante:
“La clave no está en el virus, sino en las características de la persona infectada”.
Cómo funciona nuestro sistema inmune
Respuesta innata: la primera barrera
El sistema inmune cuenta con una respuesta innata, con la que nacemos. Incluye barreras como la piel, las mucosas y determinadas células que actúan como primera línea de defensa.
Esta respuesta no es específica: reacciona de forma similar frente a virus, bacterias u hongos.
Según el doctor Buzón, esta respuesta innata es especialmente potente en los niños pequeños, lo que favorece que eliminen con rapidez muchas infecciones respiratorias.
Respuesta adaptativa y memoria inmunológica
La segunda parte es la respuesta adaptativa, que se construye con el paso de los años tras la exposición repetida a microorganismos. Aunque dispone de memoria inmunológica, con la edad aparecen fenómenos como la inmunosenescencia.
“El sistema inmune, con el paso de los años, trabaja peor”, explica Buzón, comparándolo con el envejecimiento físico.
Además, esta respuesta puede desregularse y volverse proinflamatoria, aumentando la gravedad de los síntomas en infecciones respiratorias en adultos.
Por qué los adultos pueden enfermar más gravemente
Inflamación y daño pulmonar
El doctor Piñeiro señala que los niños suelen desarrollar respuestas inflamatorias más breves y menos intensas, incluso con alta carga viral.
En cambio, en adultos —especialmente mayores— el sistema inmune debilitado y desregulado puede desencadenar cascadas inflamatorias más agresivas, contribuyendo al daño pulmonar.
El peso de las comorbilidades
Otro factor clave son las enfermedades previas. En adultos es más frecuente la presencia de EPOC, asma, cardiopatías o diabetes, que facilitan complicaciones como neumonía o insuficiencia respiratoria.
En un niño sano, el mismo virus suele quedarse en un catarro leve.
Contacto frecuente en la infancia, síntomas más leves
El doctor Leovigildo Ginel Mendoza, coordinador del Grupo de Trabajo Respiratorio de SEMERGEN, recuerda que en la infancia el sistema inmune está en maduración.
El contacto estrecho en guarderías y colegios favorece infecciones frecuentes, pero generalmente leves.
En adultos, las infecciones son menos habituales por exposiciones previas, aunque los síntomas pueden ser más intensos y prolongados en personas mayores o con patologías crónicas.
De hecho, en Atención Primaria es habitual observar cómo los niños transmiten virus leves a sus abuelos, en quienes la evolución puede ser más complicada.
Un enfoque clave para la salud pública
Comprender cómo funciona el sistema inmune según la edad ayuda a prevenir complicaciones, mejorar estrategias de vacunación y proteger a los grupos más vulnerables.
Puedes ampliar información sobre salud y prevención en la sección de Salud de Benavente Digital y en otras noticias de Sociedad del medio.
Para más detalles científicos, las declaraciones completas pueden consultarse en Europa Press Salud Infosalus y en sociedades médicas como la SEIMC.






