
La noche de este Miércoles Santo ha vuelto a dejar una de las estampas más sobrecogedoras de la Semana Santa de Benavente con la celebración de la Procesión del Silencio, marcada por el recogimiento, la devoción y el estricto orden que caracteriza a este desfile.
La jornada comenzaba a las 20:00 horas en la Parroquia del Carmen de Renueva, donde tuvo lugar la misa correspondiente al tercer día del triduo en honor al Santísimo Cristo de la Salud. Tras la eucaristía, los cofrades protagonizaron uno de los momentos más significativos de la noche con el juramento de silencio ante el altar mayor, un acto cargado de simbolismo que da sentido a esta procesión.
Finalizado el juramento, la comitiva inició su recorrido por las calles de Benavente en un ambiente de absoluto silencio, solo roto por el sonido acompasado de los pasos y el leve crepitar de los hachones que iluminaban el recorrido.
El cortejo procesional, organizado por la Cofradía del Silencio, estuvo encabezado por la cruz parroquial y los símbolos de la Pasión, seguidos del paso de Nuestro Señor Flagelado, acompañado por la Cofradía de Jesús Nazareno y la de la Santa Vera Cruz. A continuación, desfiló el Santísimo Cristo de la Salud, precedido por el característico pebetero incorporado en 2009, y acompañado por la Cofradía del Santo Entierro y la propia Cofradía del Silencio.
Las calles del recorrido —desde la Iglesia de la Virgen del Carmen, pasando por la calle Ancha, Corrillo de Renueva, Cervantes, Santa Cruz, Encomienda, Plaza Mayor, Carnicerías, San Nicolás y Zamora— se llenaron de vecinos y visitantes que, en un gesto de respeto, acompañaron en silencio el paso de la procesión hasta su regreso al templo de origen.
Especialmente llamativo fue el contraste entre el riguroso orden de los cofrades, ataviados con túnica blanca, caperuz rojo y hachón, y el fervor popular de los asistentes, que siguieron el desfile con recogimiento durante todo el recorrido.
La Procesión del Silencio volvió a consolidarse como uno de los actos más representativos de la Semana Santa benaventana, reflejando una tradición profundamente arraigada en la ciudad y que cada año logra emocionar a quienes la viven.











