
La II Concentración Chiqui-Bueyes, celebrada en el entorno del Toril municipal, dejó tras de sí una estampa viva, ruidosa y entrañablemente festiva que volvió a convertir las calles en escenario y a los vecinos en protagonistas.
Desde primera hora, el ambiente ya anticipaba lo que estaba por venir: familias reunidas, niños ajustándose con nervios la indumentaria, y un murmullo constante de expectación que se extendía por cada rincón del recinto.
El recorrido se inició en el Toril municipal, punto de arranque y regreso, para adentrarse después en el corazón del pueblo. La comitiva avanzó por la Plaza de San Antón, continuó por la Calle Ronda Rancha y alcanzó la siempre animada Plaza de Santa María, donde el público disfrutaba entre aplausos, risas y esa mezcla de emoción y orgullo que solo las fiestas de pueblo saben despertar .
El regreso al Toril municipal cerró el circuito con un ambiente de satisfacción generalizada. Más que una actividad, la jornada dejó la sensación de haber asistido a algo que late en lo más profundo de la identidad local: una celebración donde la tradición no se conserva, sino que se vive, se corre y se comparte.









