Los Sauces rinde homenaje a Carlos Fresno: la música y el paloteo perpetúan su legado

El IES Los Sauces convierte la despedida en memoria viva, entre música, paloteo y una placa que guarda su esencia

Si aquel pasado día de Navidad Benavente despertaba con el corazón roto al perder a Carlos Fresno, el profesor que hacía florecer las tradiciones, la mañana de hoy en el IES Los Sauces ha servido para recoger aquellos pedazos y unirlos con el pegamento de la gratitud.

A las 11:00 el salón de actos del instituto se convirtió en un refugio contra el olvido. No era una despedida; era la confirmación de una permanencia.

Música que abraza

A las 11:00, el salón de actos se convirtió en un refugio contra el olvido. La directora del centro, Elena Valle, fue la encargada de romper el hielo de un silencio espeso, visiblemente emocionada:

«Lo difícil es hablar cuando los sentimientos son tan duros y tan fuertes,

El aire se volvió denso y dulce cuando Ana Paz, la profesora de música, esa hermana que la vida le regaló entre libros y danzas, subió al escenario. El aire se volvió denso y dulce cuando Ana Paz, esa hermana que la vida le regaló entre libros y danzas, subió al escenario. “Muy querido, nos deja un dolor inmenso que atraviesa y que lleva al corazón”, comenzó, recordando con una sonrisa las excursiones a Madrid para asistir a musicales y soñar escenarios junto a Carlos. “Empezamos con apenas seis cantantes, y terminamos bailando a la vez 90, 70 e incluso más”, relató, evocando los ensayos interminables y su pasión por enseñar paloteo y música.

Uno de los momentos más conmovedores llegó con la intervención del músico Luis Antonio Pedraza. que habló desde la «calidad de amigo».

«Carlos dignificó el folklore. No era un zamorano a nivel provincial, era de verdad; se implicaba absolutamente en todo, se metía en todos los fregados y estaba continuamente dinamizando, haciendo patria», recordó Pedraza ante un auditorio sumido en un silencio respetuoso. Destacó su labor crucial como impulsor de la Federación de Mascaradas Ibéricas y su capacidad para unir personas: «Siempre estaba a la mano de Carlos; él unía y buscaba siempre un nexo, siempre desde ese segundo plano, sumando y juntando a la gente».

El rastro del paloteo y el frío del bronce

Como si el tiempo se hubiera detenido para permitirle bailar una última vez, el grupo de paloteo —su gran obra, su desvelo constante— hizo vibrar las tablas del salón. El sonido seco de la madera contra la madera no fue un estruendo, sino un latido: el de la identidad de Benavente que Carlos protegió con tanto celo.

La emoción, contenida a duras penas durante todo el acto, desbordó los ojos de los presentes cuando se descubrió la placa conmemorativa. En ese metal queda grabado su nombre, pero sobre todo, queda fijada su esencia. A partir de hoy, los alumnos que pasen ante ella no solo verán un reconocimiento a un docente; verán el recordatorio de que ser maestro es, ante todo, dejar una huella de bondad.

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