El sonido de las campanas marcó el inicio de uno de los momentos más esperados de las fiestas de San Vicente Mártir en Manganeses de la Polvorosa. Era la señal. Poco a poco, el vecindario comenzó a acercarse ataviado con disfraces de todo tipo, alertado también por varios cohetes pirotécnicos que surcaron el cielo para anunciar que la tradición estaba a punto de cumplirse y que nadie debía perdérsela.
Las miradas se dirigieron entonces hacia lo alto de la torre. Entre bromas, cánticos y los habituales gritos de “¡que la tiren!”, la cabra de juguete comenzó a asomarse tímidamente por el campanario, haciéndose de rogar mientras la expectación crecía a pie de calle. La escena, acompañada por la popular cantinela dedicada a la cabra, mantuvo en vilo a los asistentes durante unos minutos que parecieron eternos.
Finalmente, los quintos de este año cumplieron con el ritual y lanzaron la cabra de mentira, desatando la euforia colectiva entre aplausos, bailes y celebraciones. La cabra real, eso sí, aguardaba con los quintos para sumarse más tarde al desfile, acompañando en el recorrido festivo que puso continuidad a la tarde.

Con el salto consumado, el protagonismo pasó al desfile de disfraces, que sorprendió por la originalidad y el esmero de sus participantes. No faltaron creaciones colectivas ni individuales, todas ellas cuidadosamente elaboradas y llenas de detalles: desde un radar de la DGT con sus operarios, hasta mecánicas de Fórmula 1, un bombo de la Lotería de Navidad o nostálgicas cintas de casete con sus inseparables bolígrafos para rebobinarlas. Propuestas ingeniosas y vistosas que arrancaron sonrisas y aplausos a lo largo del recorrido.

Una tarde en la que Manganeses volvió a demostrar que tradición y creatividad caminan de la mano, manteniendo viva una celebración que cada año reúne a generaciones enteras en torno a sus costumbres más queridas.





