Ciervos por ovejas

La cada vez mayor presencia de ciervos y corzos preocupa a agricultores, ganaderos y conductores

Las carreteras de la comarca se convierten, durante estas fechas, en un viaje para los sentidos, especialmente en el extremo más occidental, donde las tierras del Tera y La Carballeda despliegan una belleza que emociona a cada paso. El paisaje, fértil y generoso, regala imágenes llenas de vida y color; campos que parecen respirar bajo la luz suave de la campiña florecida.

La naturaleza se muestra allí en su estado más puro. El clima amable acaricia los caminos y hace brotar una armonía serena en la que fauna y flora conviven en perfecta unión. Todo invita a detenerse, a contemplar en silencio y a dejarse envolver por la paz de unos parajes donde la tierra parece latir con fuerza propia.

Cada vez son más numerosos los ungulados que dominan la campiña. Ciervos y corzos han pasado a formar parte inseparable del paisaje, evocando aquellos tiempos, no tan lejanos, en los que los pastos estaban ocupados por inmensos rebaños de ovejas. Los años han transformado la vida rural y los antiguos borregos han cedido su lugar a los venados, que hoy recorren el territorio con absoluta libertad.

Las manadas colonizan el territorio

A cualquier hora del día resulta fácil encontrarse con auténticas manadas atravesando los campos, pastando los brotes más verdes y tiernos, alimentándose de una naturaleza fértil y abundante. Han colonizado espacios que durante generaciones estuvieron destinados al ganado doméstico, dibujando una imagen tan hermosa como inquietante. Porque, aunque su presencia aporta una belleza salvaje y majestuosa al paisaje, también despierta preocupación entre los habitantes de la comarca.

Una manada de ungulados en territorio de La Carballeda

La creciente abundancia de ciervos y corzos se ha convertido en tema habitual de conversación en pueblos y caminos. Los daños en los cultivos aumentan año tras año y muchos vecinos comienzan a referirse a esta expansión como una auténtica “plaga”. Pero las consecuencias no terminan en el campo. Las carreteras se han convertido en escenarios frecuentes de encuentros inesperados con ejemplares aislados o estas manadas, obligando a los conductores a detenerse ante el paso de los animales y provocando, en demasiadas ocasiones, accidentes de trágico desenlace.

La naturaleza, tan admirada por su belleza y libertad, muestra también su rostro más complejo. Allí donde antes resonaban los cencerros del ganado, hoy emergen las siluetas elegantes de los venados, dueños silenciosos de una tierra que continúa cambiando con el paso del tiempo.

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