Tábara se une para recordar a Leticia Rosino y reclamar cambios en la Ley del Menor tras la excarcelación de su asesino

Cientos de personas respaldaron este 3 de mayo a la familia de Leticia en un acto cargado de emoción, reivindicación y petición de endurecimiento de penas para delitos graves

La localidad zamorana de Tábara vivió este domingo 3 de mayo una de las jornadas más emotivas y reivindicativas de los últimos años. Cientos de personas se concentraron en la Plaza Mayor convocadas por la Fundación Leticia Rosino para pedir una reforma de la Ley del Menor y reclamar un endurecimiento de las penas en casos de violación y asesinato cometidos por menores de edad.

La cita coincidió con la puesta en libertad del asesino de Leticia Rosino tras cumplir la condena impuesta por la legislación vigente. Este hecho ha reabierto el dolor de una familia y de un pueblo que continúa recordando con enorme cariño a la joven tabaresa asesinada en mayo de 2018.

Desde minutos antes del inicio del acto, la Plaza Mayor comenzó a llenarse de vecinos de Tábara y de numerosas personas llegadas desde distintos puntos de la provincia de Zamora. También acudieron representantes políticos, asociaciones, medios de comunicación y ciudadanos que quisieron mostrar públicamente su apoyo a la familia de Leticia.

El ambiente estuvo marcado por el respeto, el silencio y la emoción. Muchas personas portaban mensajes de apoyo y pancartas reclamando una revisión de la legislación actual para delitos especialmente graves. La concentración se convirtió además en una muestra de unión vecinal y solidaridad hacia la familia Rosino.

La concejala de Cultura del Ayuntamiento de Tábara, Francisca Gutiérrez, fue la encargada de abrir el acto con unas palabras de recuerdo hacia Leticia y de respaldo a su familia. Durante su intervención insistió en que, aunque la excarcelación del condenado se ajusta a la legalidad vigente, existe entre buena parte de la sociedad una sensación de injusticia ante delitos que dejan un daño irreparable.

Asimismo, defendió la necesidad de abrir un debate social sobre la respuesta penal en casos de violencia de género y feminicidio cometidos por menores, señalando la importancia de que las leyes evolucionen para ofrecer una mayor protección a las víctimas.

El momento más duro y conmovedor de la mañana llegó con la intervención de Inmaculada Andrés, madre de Leticia y presidenta de la Fundación Leticia Rosino. Visiblemente emocionada, trasladó el sufrimiento vivido durante estos ocho años y la sensación de impotencia que, según expresó, acompaña a las familias que atraviesan situaciones similares.

En su comunicado, Inmaculada recordó cómo el asesinato de su hija destruyó por completo la normalidad de su vida familiar y denunció que muchas víctimas sienten que el sistema judicial presta más atención a la reinserción de los agresores que al dolor permanente de quienes han perdido a un ser querido.

La madre de Leticia defendió la necesidad de reformar la Ley del Menor para diferenciar los delitos de extrema violencia del resto de casos. Entre las medidas planteadas destacó el aumento de los tiempos máximos de internamiento en régimen cerrado, una evaluación más estricta antes de conceder libertades o permisos y un mayor apoyo jurídico y psicológico a las víctimas.

También reclamó que las familias puedan participar y ser escuchadas durante las revisiones judiciales relacionadas con este tipo de condenas, denunciando que muchas veces sienten que el sistema avanza sin tener en cuenta el sufrimiento que permanece en quienes se quedan.

La intervención provocó una profunda emoción entre los asistentes, muchos de los cuales no pudieron contener las lágrimas durante algunos momentos del acto. La concentración concluyó con un largo aplauso colectivo dedicado a la memoria de Leticia Rosino y al apoyo a su familia.

La jornada dejó una imagen de unidad en Tábara y volvió a situar en el centro del debate la necesidad de revisar la legislación relacionada con menores condenados por delitos especialmente graves. Para muchos de los asistentes, el acto no solo sirvió para recordar a Leticia, sino también para reclamar una justicia que resulte comprensible para las víctimas y para la sociedad.

Ocho años después del crimen, el nombre de Leticia Rosino continúa muy presente en Tábara, donde vecinos y familiares mantienen vivo su recuerdo mientras siguen reclamando cambios legales que eviten que situaciones similares vuelvan a repetirse.

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