
La historia de Osho no empezó con un plan maestro, sino con una llamada telefónica y un viaje relámpago a Zaragoza. Su guía, Óscar, tras ser avisado de que un labrador de nueve meses buscaba hogar, no lo dudó: «Al día siguiente lo fui a buscar«. Lo que nadie imaginaba en aquel momento es que ese encuentro fortuito cambiaría la vida de cientos de personas en la comarca de Benavente y en toda la provincia. Ahora, tras más de una década de labor incansable, este héroe de cuatro patas inicia su merecida jubilación.
Un don que se descubre con el tiempo y la esencia
Aunque la intención inicial era que Osho fuera un perro de terapia, su dueño admite que la realidad superó cualquier expectativa. «Me lo fue enseñando él«, explica con la humildad de quien sabe que en el mundo animal, como en el humano, la esencia no se entrena, se tiene.


A lo largo de su carrera, ha quedado claro que no todos los perros sirven para este trabajo. «Hay otros que he cogido para terapias y no trabajan en terapia«, confiesa Óscar. Sin embargo, Osho poseía un equilibrio natural que le permitía absorber el adiestramiento técnico —sentado, quieto, caminar junto a usuarios— y combinarlo con una sensibilidad innata para conectar con el sufrimiento y la necesidad ajena.
El guardián de las crisis: el olfato que salva vidas
Uno de los capítulos más asombrosos de la vida de Osho tuvo lugar en Renedo (Valladolid), en un centro de autismo. Allí, el perro empezó a mostrar un comportamiento extraño: se sentaba de repente ante una usuaria sin recibir orden alguna.
«Yo estaba trabajando con él y de repente el perro se sentaba y yo no entendía por qué. Volvíamos a pasar y se sentaba. En cuestión de minutos, la usuaria tenía una crisis«, recuerda Óscar. La respuesta llegó minutos después, cuando la usuaria sufría una crisis epiléptica. Osho era capaz de percibir la desconexión sensorial a través del olfato, detectando ese aroma a acetona en el aliento que precede a la crisis. Ese «don» permitió anticipar situaciones críticas, convirtiéndolo en un vigilante silencioso y vital para la seguridad de los pacientes.
300 vidas transformadas: del silencio a la palabra
Si algo define la trayectoria de Osho es su capacidad para lograr lo que los humanos, a veces, no podemos. Su guía estima que han trabajado con más de 300 usuarios, entre niños, ancianos y personas con diversidad funcional.
Una de las historias más emotivas que deja su legado es la de un usuario que llevaba dieciocho meses sin hablar por falta de motivación. Gracias a la interacción con el equipo —especialmente con Osho—, el hombre volvió a comunicarse. «Se comunicaba con los perros, con nosotros no«, relata el guía, subrayando que la capacidad de adaptación y conexión de un perro es, sencillamente, «brutal».
La dureza del trabajo: 120 órdenes y momentos críticos
No todo ha sido fácil. La vida de un perro de terapia es agotadora. Mientras que otros compañeros de equipo, como un Golden Retriever que tuvo que jubilarse a los cuatro años por estrés, no aguantaron el ritmo, Osho ha resistido hasta los once años.
El perro ha enfrentado situaciones negativas que habrían quebrado a cualquier otro: desde caminar contra paredes hasta ser arrastrado por las orejas por usuarios en momentos de crisis. «Después de eso, tienes que recuperar al perro… es un perro muy fuerte emocionalmente«, explica su dueño. Para gestionar ese estrés, ambos tenían un ritual: se encerraban solos en la sala tras las sesiones o se «confesaban» en una finca de recreo, donde encontraban el equilibrio necesario para seguir adelante.



El adiós al arnés: «Ya no es lo que era»
La decisión de la jubilación ha llegado de forma natural. A sus 11 años, y tras haber superado problemas de salud como la leishmaniosis —que se activaba con los picos de estrés—, el cuerpo de Osho ha dicho basta.
«Ves que ya no puede, le cuesta subir a la furgoneta«, dice con nostalgia su compañero. Aunque el perro lo hace «con mil amores», su dueño ha preferido no ser egoísta: «Llega un momento que todo tiene un principio y un final… ya le he hecho una rampita para que sube la furgoneta más tranquilo y bueno, pues no deja de ser ya un abuelete.«. A partir de ahora, su vida será la de un «perro happy», libre de órdenes, dedicado a abrir cajones en casa y a ser el «consentido» que siempre fue.
El legado de Osho en Benavente
Aunque un Golden Retriever totalmente preparado tomará el relevo en las sesiones, el vacío que deja Osho es inmenso. El sector de las terapias asistidas ha evolucionado «años luz» desde que empezaron hace 12 años.
Para quienes aún desconocen esta labor, el mensaje es claro: no es solo «tirar una pelota». Detrás hay un trabajo técnico inmenso en geriátricos y centros de educación especial. Pero, sobre todo, hay amor. Como bien dice su guía: «Todo lo que haces con cariño siempre sale bien«.






