Era un aderezo de pescado podrido en la antigua China y no llevaba tomate: este es el asombroso pasado de la salsa más vendida del mundo

¿Te imaginas unas patatas fritas con salsa de pescado podrido? Pues, aunque te parezca increíble, el kétchup originariamente no llevaba tomate y su receta primitiva dista mucho de la que hoy compramos en el supermercado. El condimento más famoso del mundo, ese que nunca falta en las barbacoas y comidas rápidas, esconde un pasado sorprendente que mezcla la cocina milenaria asiática con la astucia de un empresario estadounidense.

Para descubrir cómo nació esta salsa, tenemos que viajar en el tiempo hasta finales del siglo XVII. El verdadero antepasado de este producto es el ketsiap, un preparado de origen chino que consistía en una salsa picante de pescado en escabeche o en salmuera. Aquella receta oriental, que en el dialecto amoy se pronunciaba kê-chiap, servía para sazonar carnes y pescados, pero no contenía ni un solo gramo de tomate.

Fueron los marineros ingleses quienes, durante el siglo XVIII, descubrieron este sabroso brebaje en el archipiélago malayo y decidieron importarlo a Gran Bretaña. Ya en el año 1690 apareció la palabra publicada en la prensa británica bajo la denominación de catsup, adoptando el término definitivo de ketchup en 1711. Durante décadas, los británicos intentaron replicar la fórmula añadiendo ingredientes como setas, nueces o incluso cerveza.

Henry J. Heinz: el hombre que revolucionó la receta en 1876

El salto definitivo hacia el condimento actual ocurrió en Estados Unidos. El célebre empresario Henry J. Heinz ideó el kétchup moderno tras experimentar con bases de frutas como manzanas y melocotones. Finalmente, en 1876, decidió añadir el tomate y el vinagre a la mezcla para garantizar una mejor conservación, basándose en una fórmula casera de su propia madre.

El éxito fue tan abrumador que su compañía, Heinz & Noble, transformó la industria alimentaria al comercializar la salsa en tarros de cristal transparentes.

Con el paso de los años, el kétchup de tomate se convirtió en un fenómeno global. De hecho, en los años 90 la marca revolucionó de nuevo el mercado al introducir los primeros envases de plástico reciclable. Hoy en día, es un auténtico indicador económico del consumo en hogares de todo el mundo.

Kétchup frente a salsa de tomate: ¿en qué se diferencian?

Muchas personas confunden estos dos productos, pero la realidad es que presentan notables diferencias nutricionales y de cocinado:

  • El aceite y el vinagre: La salsa de tomate frito tradicional española contiene aceite y carece de vinagre, justo lo contrario que el kétchup.
  • Tipo de materia prima: Mientras que el tomate frito se prepara con frutos frescos triturados, el kétchup se elabora a partir de concentrado de tomate, azúcar, sal y especias como el clavo, el cilantro o el comino.
  • Azúcar y calorías: El contenido de azúcar en el kétchup oscila entre el 3% y el 10%, aportando unas 100 calorías por cada 100 gramos, un 25% más que la salsa de tomate frito convencional.

Más allá de su sabor, esta salsa apasiona a los científicos por sus propiedades físicas. El kétchup es un fluido no newtoniano, lo que significa que su viscosidad cambia según la agitación o la fuerza que se le aplique. Al contener aditivos naturales como la goma xantana, el producto parece espeso y pegado al fondo del envase, pero se vuelve líquido y fluye con rapidez cuando golpeamos la botella.

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