De Peleas de Arriba al Alcázar de Sevilla: la apasionante vida del monarca unificador y patrón de los ingenieros militares nacido en tierras zamoranas

El monarca que unió definitivamente los reinos de Castilla y León y conquistó Sevilla tiene sus raíces ocultas en un monasterio de Peleas de Arriba.

El monarca que unió definitivamente las coronas de Castilla y León nació en la provincia de Zamora. Fernando III «el Santo», una de las figuras más colosales de la Edad Media y patrón del Arma de Ingenieros de las Fuerzas Armadas, tiene sus raíces ligadas al territorio zamorano. Un hecho histórico de gran relevancia que recuperamos hoy en la sección de cultura de Benavente Digital.

La efeméride de su fallecimiento, acaecida en el Alcázar de Sevilla un 30 de mayo de 1252, vuelve a poner el foco sobre los orígenes de este rey santo. Aunque su figura se asocia inevitablemente a las grandes conquistas del sur peninsular, las crónicas históricas sitúan su nacimiento en el Monasterio de Nuestra Señora de Valparaíso. Un templo ubicado en la localidad zamorana de Peleas de Arriba.

El origen zamorano de un rey de leyenda

Los investigadores fechan el nacimiento de Fernando Alfónsez de Borgoña entre los años 1198 y 1201 en el entorno de Peleas de Arriba. Hijo de Alfonso IX de León y de Berenguela de Castilla, su llegada al mundo estuvo rodeada de tensiones dinásticas.

Poco después de su nacimiento, el Papa Inocencio III declaró nulo el matrimonio de sus padres debido al parentesco de consanguineidad que los unía. Esto obligó a su separación en el año 1204. Pese a las adversidades políticas y a la conocida actitud anticastellana de su progenitor, la firmeza de su madre Berenguela logró sentar al joven Fernando en el trono de Castilla en 1217.

Años más tarde, tras la muerte de Alfonso IX en 1230, la astucia diplomática de la reina madre consiguió que la Corona de León recayera también en sus manos. Este hito unificó de manera definitiva ambos reinos. Quedó sellado así un pacto histórico cuya confirmación oficial se celebró solemnemente en la plaza de Benavente.

Un legado militar y cultural sin precedentes

Fernando III se consolidó como un gobernante excepcional y un estratega militar brillante durante la Reconquista. Bajo su mando directo se recuperaron plazas tan decisivas como Córdoba, Jaén o Murcia. También la ciudad de Sevilla en 1248, tras un complejo asedio de quince meses por tierra y río.

Más allá de sus dotes guerreras, el monarca impulsó las artes, las ciencias y las letras de la época:

  • Promotor lingüístico: Convirtió el castellano en la lengua oficial de la administración del reino.
  • Mecenas cultural: Fundó la prestigiosa Universidad de Salamanca y mandó traducir el Fuero Juzgo.
  • Impulsor del gótico: Bajo su cetro se iniciaron las obras de las emblemáticas catedrales de Burgos, León y Toledo.

Por todas estas polifacéticas virtudes, mediante una Real Orden firmada en el año 1805, el Arma de Ingenieros Militares lo nombró oficialmente su Santo Patrón, rindiéndole honores de soberanía cada año.

El humilde adiós de un monarca santo

A pesar de acumular los títulos de rey de Castilla, Toledo, León, Galicia, Sevilla, Córdoba, Murcia y Jaén, Fernando III destacó por su profunda humildad. Al sentir la llegada de la muerte a los 54 años, despojado de toda ostentación, pidió un sayo como mortaja. Además, se colocó una cuerda anudada al cuello y se arrodilló para recibir la comunión.

Su cuerpo incorrupto descansa en la Capilla Real de la Catedral de Sevilla, depositado en una impresionante urna de plata que se abre al público cuatro veces al año. Canonizado por el Papa Clemente X en 1671, el recuerdo de este monarca medieval sigue intensamente vivo, recordando a toda España que el gran unificador de reinos comenzó su andadura en tierras de Zamora.

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