
La Federación de Salvamento y Socorrismo de Castilla y León (FECLESS) ha mostrado su preocupación tras conocerse que la comunidad ha registrado nueve fallecimientos por ahogamiento no intencional durante los cinco primeros meses de 2026. Los datos proceden del Informe Nacional de Ahogamientos de la Real Federación Española de Salvamento y Socorrismo y sitúan a Castilla y León como la comunidad autónoma de interior con más víctimas mortales por esta causa.
La situación cobra especial relevancia con la llegada del verano y la apertura de la temporada de baño. Castilla y León cuenta este año con 32 zonas de baño naturales autorizadas, repartidas entre ríos, embalses y lagos de ocho provincias. Sin embargo, ninguna de ellas dispone de forma obligatoria y permanente de un servicio profesional de socorrismo.
Desde la Federación consideran incomprensible esta situación en una comunidad que lidera el turismo de interior en España y que cada verano recibe a miles de personas en sus espacios acuáticos naturales. Además, recuerdan que estos entornos presentan riesgos que a menudo pasan desapercibidos para los usuarios, como cambios bruscos de profundidad, corrientes, obstáculos sumergidos, bajas temperaturas del agua o dificultades de acceso para los servicios de emergencia.
De los nueve fallecimientos registrados en lo que va de año, tres se produjeron durante el mes de mayo, una circunstancia que ha encendido las alarmas entre los especialistas en prevención acuática. La Federación insiste en que la mayoría de los accidentes graves pueden evitarse mediante la formación, la concienciación y la adopción de conductas responsables.
Por este motivo, la FECLESS mantiene durante todo el año un programa de promoción de la seguridad acuática dirigido especialmente a escolares. A través de charlas, actividades educativas y campañas de sensibilización, la entidad trabaja para que niños y jóvenes aprendan a identificar riesgos, actuar correctamente ante una emergencia y desenvolverse con seguridad en el medio acuático.
La Federación considera que la educación acuática debe ocupar un papel prioritario dentro de las políticas de prevención, especialmente en una comunidad con una amplia red de ríos, embalses y zonas de baño interior. Por ello, hace un llamamiento a instituciones, ayuntamientos, centros educativos y ciudadanía para reforzar una auténtica cultura de la prevención que contribuya a reducir el número de víctimas y permita disfrutar del agua de forma segura durante todo el año.






