El fervor y la tradición han vuelto a inundar las calles de Benavente en la tarde de este domingo. La festividad del Corpus Christi se ha celebrado con una alta participación ciudadana y un ambiente impregnado de espiritualidad, marcado este año por una novedad muy entrañable: la bendición de los recién nacidos de la localidad en pleno corazón de la Plaza Mayor.
Los actos comenzaron a las 19:00 horas en la iglesia de Santa María. El templo, arropado por los fieles, cofrades y autoridades locales con la alcaldesa Beatriz Asensio al frente, acogió una Santa Misa cantada por el Coro Interparroquial. Durante la homilía, el párroco Francisco Ortega apeló al sentimiento benaventano al pedir a los feligreses estar «unidos como en la maroma», un guiño a la fiesta del Toro Enmaromado que define la identidad de la villa. El sacerdote se dirigió con especial cariño a los niños de Primera Comunión, animándolos a mantener siempre la alegría de ese día y recordando que el Corpus es, junto a la Navidad y las fiestas patronales, uno de los días más grandes de la ciudad.
Al término de la eucaristía comenzó la solemne procesión. El Santísimo Sacramento recorrió el trazado tradicional bajo palio, avanzando por unas calles engalanadas con alfombras florales, altares particulares y la cuidada ornamentación de la plaza Mayor, todo bajo el aroma a incienso y los cánticos de los devotos.
Como novedad de este año, se invitó a las familias a subir al altar a los bebés recién nacidos y niños pequeños de Benavente. En un ambiente de gran respeto y ternura. Tras este momento en la plaza, la comitiva reanudó su marcha para enfilar el tramo final del recorrido. Entre el aroma a incienso y los últimos cánticos de los fieles, el cortejo regresó solemnemente a la iglesia de Santa María, dando por concluida una jornada en la que Benavente volvió a arropar sus tradiciones con el respeto y la identidad de siempre.






