
El talento, la formación y la solidaridad de los jóvenes de nuestra comarca continúan traspasando fronteras y dejando una huella imborrable. Pablo Miñambres, vecino de Benavente de 23 años, acaba de regresar de una intensa experiencia de voluntariado y cooperación sanitaria en Gambia. Tras concluir el que califica como «el curso más intenso de su vida», este estudiante de Medicina decidió cambiar las comodidades occidentales por el aprendizaje sobre el terreno.
Lejos de los circuitos tradicionales del llamado «volunturismo», el joven benaventano obtuvo una beca PACID de la Universidad de Valladolid (UVA). Junto a su compañero de facultad, el también estudiante de Medicina Miguel Magro, se integró en la infraestructura asistencial del país africano de la mano de la ONG canaria The Monkey Girl.
Durante varias semanas, Miñambres centró sus esfuerzos en la pequeña comunidad costera de San Bullán, donde el equipo llegó a levantar una clínica desde cero utilizando la medicación transportada desde España para atender de forma directa a cerca de 350 pacientes con un acceso muy limitado al sistema sanitario.




Tres pilares de actuación: de las escuelas infantiles a la policía nacional
La labor de los estudiantes de la Universidad de Valladolid no se limitó a la consulta médica básica, sino que se estructuró de forma estratégica en tres grandes áreas de impacto comunitario para garantizar una ayuda real y duradera:
- Prevención primaria: Impartieron charlas de educación para la salud en la comunidad y talleres de salud bucodental en los colegios, donde realizaron campañas de fluoración y entrega de cepillos de dientes. Además, tuvieron la oportunidad histórica de trasladarse a la capital, Banjul, para instruir en primeros auxilios al Cuerpo Nacional de Bomberos de Gambia y a la Policía nacional.
- Prevención secundaria: Llevaron a cabo cribados masivos de patologías crónicas y genéticas de alta prevalencia en la zona, tales como la diabetes, la hipertensión arterial extrema y la anemia falciforme.
- Atención sanitaria: Prestaron asistencia clínica directa a centenares de personas a través del centro sanitario local y mediante visitas domiciliarias personalizadas. Esta labor propició un entorno de aprendizaje mutuo y cooperación bidireccional con los enfermeros regionales de Gambia.


El caso de Isabella: la vida de una niña salvada en condiciones extremas
La escasez absoluta de recursos obligó al futuro médico de Benavente a ejercer una medicina «cero occidentalizada», guiada por la exploración física, el ojo clínico y la agudeza de los sentidos ante la falta de analíticas inmediatas. La vivencia más dura y gratificante de su estancia tuvo nombre: una niña de nueve años afectada por anemia falciforme.
«Nos encontramos a una niña con una frecuencia cardíaca altísima y saturando al 92%. En el hospital, tras horas para conseguir los resultados de una analítica que costó dinero a la ONG, confirmamos una hemoglobina de 6«, relata Pablo.
Gracias a la rápida intervención del equipo, que localizó al hermano de la menor para una transfusión directa ante la ausencia total de bancos de sangre en la zona, y a una placa de tórax que desveló una tuberculosis pulmonar diseminada, la pequeña pudo salvar la vida. «Verla recuperada una semana después, cuando nos íbamos al aeropuerto, es una alegría tremenda que te demuestra el valor real de lo que puedes aportar«, confiesa con emoción.
El diagnóstico en este entorno supuso enfrentarse a estadios clínicos extremos. «Tratamos patologías que rara vez vemos en España o, al menos, en fases tan avanzadas, como tiñas extensas, numerosas enfermedades dermatológicas o neumonías neonatales«, añade el estudiante. Para los casos más graves, los jóvenes colaboraron codo con codo con una brigada de médicos cubanos destinados en el país para gestionar las derivaciones hospitalarias urgentes.



Lecciones para España y la defensa de la sanidad pública
El choque cultural y profesional ha transformado por completo la visión que este futuro médico tiene sobre el modelo de salud en nuestro país. En Gambia, cada prueba, analítica o intervención tiene un precio estipulado en grandes carteles a las puertas de los centros públicos, algo que obliga a muchas familias a recurrir a los marabús (brujos locales) al no poder costear la medicina oficial.
Miñambres reflexiona sobre la situación actual y lanza una propuesta constructiva para concienciar a los usuarios del sistema nacional: «Qué bueno sería que en España, aunque la sanidad sea pública y no se pague en el mostrador, estuviera visible el precio de cada intervención y analítica en la puerta de los centros, simplemente para que la sociedad sea consciente de lo que cuesta sostener el sistema«.


El estudiante no oculta las deficiencias del entorno, pero insiste en valorar y proteger la suerte de contar con recursos diagnósticos y farmacológicos universales.
Una huella humana y el compromiso de Pablo con Benavente
Con la mirada puesta en el examen MIR que arranca este año y sus próximas prácticas de sexto de carrera, el joven tiene clara su vocación holística, orientada al paciente urgente (UCI y urgencias) y oncológico. A pesar de que su proyección apunta a la alta especialización, mantiene su compromiso firme con sus raíces: «Siempre que pueda devolverle algo a Benavente, estaré encantado de hacerlo«, asegura, abriendo las puertas a futuras charlas de educación para la salud en la comarca.
A los jóvenes de la ciudad que ven metas inalcanzables, Pablo les lanza un mensaje nítido: «Buscad vuestra pasión, aquello que os ilumine los ojos. Es normal estar perdido al principio, pero hay que lanzarse, ponerse objetivos pequeños a corto plazo y asumir los fracasos como parte del camino hacia el éxito«.






