Suman 200 años entre las dos y una salud envidiable: Raquel y Teresa celebran sus 100 años en Castrogonzalo

Vecinos y familiares se vuelcan en el homenaje a Teresa y Raquel, dos quintas centenarias que guardan la memoria viva del municipio.

Entre las dos suman exactos doscientos años de memoria, trabajo duro y fortaleza. Este fin de semana, el hogar del jubilado de Castrogonzalo se ha quedado pequeño para rendir homenaje a dos vecinas muy queridas: Teresa León, que sopló las cien velas este pasado 24 de octubre, y Raquel del Hoyo, que hizo lo propio el pasado 12 de septiembre.

El recinto se llenó de vecinos, abrazos y recuerdos compartidos. No faltó el picoteo alrededor de las mesas, el calor del pueblo entonando el «Cumpleaños feliz» a pleno pulmón, los ramos de flores y el instante estelar: el soplo de las velas sobre dos tartas diseñadas especialmente para cada una de las homenajeadas.

A sus cien años recién estrenados, ambas lucen una salud envidiable y una cabeza perfectamente amueblada. Raquel presume de una independencia asombrosa viviendo sola en Benavente, donde se vale por sí misma para todo. De hecho, volver a Castrogonzalo tras más de tres décadas fue una inyección de emoción pura para Raquel, que volvió a cruzarse con miradas de toda la vida.

Como apuntaba entre sonrisas la teniente de alcalde, Pilar de la Fuente, Castrogonzalo parece guardar un secreto de longevidad: «Tenemos otra vecina con 106 años y para el año que viene todavía queda alguno centenario más». Una tierra de gente longeva donde la localidad no se olvida de los suyos.

Teresa León: la fortaleza de «La Tejera» que amasa un siglo de recuerdos

Teresa León arropada por su familia

A Teresa la conocen en el pueblo como La Tejera. El apodo le viene de cuna, de cuando de niña ayudaba a su padre a transportar las tejas de dos en dos. «Luego me dediqué a la labranza: a entresacar remolacha y a todo lo del campo», evoca sin perder la sonrisa. Se casó a los 27 años con su marido Ángel, y juntos arrastraron carros de trigo en años en los que el descanso no existía.

Escuchar hoy a centenarias como Teresa es un ejercicio casi obligatorio para no perder el testimonio vivo de una generación golpeada por momentos clave de nuestra historia. Al preguntarle por aquellos años, rescata de su memoria pasajes intactos de la Guerra Civil. Tenía apenas nueve años cuando veía pasar los primeros camiones y a la gente indecisa entre levantar el brazo o apretar el puño por miedo a las represalias. O la angustia de verse encañonada con una pistola cuando rozaba tan solo los doce años. Vivencias durísimas que hoy narran con la serenidad de quien lo superó todo.

Frente a las fatigas pasadas, Teresa prefiere sostener la mirada de los suyos. Tuvo dos hijos, que hoy se traducen en cuatro nietos y dos biznietos. Durante la fiesta se vivió uno de los momentos más entrañables de la tarde: Teresa sujetaba con ternura la diminuta mano de su biznieto de apenas cuatro meses, uniendo cien años de diferencia en un solo gesto.

Al preguntarle por la clave para llegar al siglo con ese aspecto, asegura con sencillez: «He trabajado mucho y he comido normal, sin cosas raras. Trabajábamos, comíamos y ya está».

Raquel del Hoyo: «Aún hago muñecas y sopas de letras; no me puedo estar quieta»

Raquel del Hoyo, rodeada por sus familiares

A sus cien años, Raquel del Hoyo es el vivo ejemplo de la autosuficiencia. «Yo me lo hago todo. No me puedo estar quieta porque me canso», cuenta con desparpajo. En sus ratos libres lee, completa sopas de letras y ahora anda muy entretenida confeccionando unas muñecas.

Su vida tampoco estuvo exenta de sacrificio. De niña se crió con sus abuelos en Fuentes de Ropel y más tarde se dedicó a cuidar ovejas y a lidiar con el trabajo duro del campo. Aunque la vida le propinó golpes duros, como la pérdida de su hijo José o la de su marido, Raquel conserva una entereza admirable y el cariño incondicional de una familia numerosa: 3 hijas, 8 nietos y 5 biznietos.

Afincada en Benavente desde hace más de treinta años, Raquel conserva intacto el hilo afectivo con sus orígenes y con la gente de la comarca, esa memoria viva que no se borra con el tiempo.

Al volver a Castrogonzalo y verse rodeada de sus vecinos para este tributo, no ocultó la emoción: «No pensaba que esto fuera a pasar, es de los momentos más felices de mi vida». Para los jóvenes de hoy, Raquel deja un consejo tan sencillo como sabio: «Que se cuiden, que no beban más de la cuenta y que se quieran».

Porque cumplir cien años no pasa todos los días, pero ver a dos quintas y vecinas alcanzar juntas el siglo, con esa salud y esa memoria, es una lección de vida. ¡Feliz cumpleaños, Teresa y Raquel!

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