
Un manto de asombro y sensibilidad envolvió la tarde de ayer a Castrogonzalo. En el marco de la iniciativa ‘Magia viajera’, integrada en las XXXIII Jornadas Internacionales de Magia de Zamora, la localidad se convirtió a las 19:30 horas en el escenario de una velada donde el ilusionismo dejó de ser un simple truco para transformarse en puro arte visual.
La gran encargada de encender la chispa fue Gisell, cuya propuesta destacó por un estilo envolvente. La ilusionista desplegó un repertorio donde las metáforas visuales, la delicadeza de los gestos y la narrativa estética capturaron de inmediato la atención del público congregado. La atmósfera se volvió íntima: pequeños y mayores compartieron esa complicidad contenida de quien se sabe testigo de algo extraordinario pero imposible de explicar.
El espectáculo sirvió para descentralizar la cultura y llevar el talento internacional a los rincones de la provincia. Castrogonzalo despidió la actuación con un cálido aplauso de gratitud. Una cita que demostró que la magia no reside únicamente en lo que los ojos ven, sino en la capacidad de despertar la capacidad de asombro de las personas.






