COMARCA

De mayo en mayo por la comarca

En La Milla de Tera, Uña, Congosta, Ayoó, Burganes de Valverde o Morales de Valverde se resisten a perder la ancestral tradición a pesar de la pandemia

Un recorrido por la comarca de los Valles de Benavente en la mañana del 1 de mayo se hace más que placentero para un amante de las tradiciones. No obstante, en este año de pandemia la izada de la viga o la «plantá» se ha suspendido en una buena parte de los pueblos. De extremo a extremo del territorio, el paso del mes de abril al de mayo se viste de figura de trapo en las alturas para la contemplación visual de los vecinos rindiendo tributo a la fertilidad de los campos.

Desde hace unos años se ha logrado que en algunos de los pueblos de los Valles se recobre una ancestral y simpática tradición invadida de narrativa legendaria y guiños reivindicativos. La izada o plantá del mayo ha recobrado su época dorada en estas dos últimas décadas, no sin antes superar años y años de dejadez entre el vecindario.

Como hablamos de la fertilidad pregonada por la campiña, del mes florido por excelencia, del mes de las romerías, devociones y tradiciones, quizás la más ancestral perdura entre sus hacedores. La de instalar el mayo, una figura representando la fertilidad, visible ante todo el vecindario. Por eso el lugar escogido suele ser el más concurrido, plazas o calles céntricas. Y de ello se encargan habitualmente los jóvenes en complicidad nocturna, en la noche del paso del mes de abril al de mayo. Aunque en este año 2021 y por eso de contar con el toque de queda por culpa de la pandemia, algunos se apresuraron ayer tarde a completar sus creaciones, para que no les pillara una de las noches más mágicas y que un año más este coronavirus con nombre de algorítmo quiere arrebatar. Tradiciones que se pierden y que en algunas localidades a duras penas se mantienen y en las que lo hacen la energía es cada vez mayor, porque se transmite.

En estos últimos años, las figuras o monigotes vienen adoptando un sello de telenovela, aunque también domina el reivindicativo, incluso de protesta. Sin embargo, el sentido original no pierde su valor porque jóvenes y vecinos se encargan en un ambiente festivo de aupar, de izar el mayo a las alturas y ello en un más que elevado chopo como ha venido ocurriendo estos años. De eso que se lo digan bien a los de Maire de Castroponce, a los de Burganes y Olmillos de Valverde, a los de Arcos de la Polvorosa, de Manganeses o de Santa Cristina ya que entre ellos se da una sana rivalidad por contar con el mayo o la viga de chopo más larga, en este caso más elevada. Pero no, este 2021 ha sido diferente. Unos pocos se han atrevido a continuar con la tradición.

Desde Uña de Quintana con un muñeco recibiendo al forastero, en Congosta de Vidriales donde la pareja de mayos se llegó a encadenar para que el símbolo de la fertilidad no fuese arrebatado, en Ayoó que este año se ha dedicado un homenaje a los mayores, o en el Valle del Tera en La Milla, uno de los pueblos con más empuje en revitalizar esta ancestral tradición, y que no dudó en rendir tributo al burro, ese animal que tantos y tantos trabajos ha «quitao» a las familias. Del mismo modo en el Valle de Valverde, en Morales, así como en Burganes donde un grupo de jóvenes se encargó ayer tarde, antes del toque de queda, de continuar con la tradición, de izar la viga en la plaza. Toda la comarca es mayo. Han sido pocos los pueblos que han continuado con la tradición por culpa de la pandemia. Pero, esto es lo que hay.

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