
Los vecinos se dirigen a sus trabajos, los clientes se encaminan a las tiendas, atrás quedan bares y más bares que esta mañana no han abierto sus puertas cumpliendo unas medidas decretadas por culpa de la pandemia. Algún que otro despistado, que solía tomar su desayuno todas las mañanas en el bar de costumbre, se encuentra con las puertas cerradas. Por un momento piensa que esto no es posible. Pero la realidad le pone en su sitio.
Esto de la pandemia está cambiando costumbres, muestras de afectos e, incluso, hasta nos cambia el chip cotidiano. La gente dirige sus miradas a los locales cerrados y la tristeza invade aún más las calles. Una complicidad que obliga a inclinar cabezas.
La ciudad de Benavente, la comarca y el amplio territorio de la Comunidad se despertaba esta mañana con el cierre de los bares y restaurantes. Una situación que se viene a repetir y, en este caso, con un plazo fijado de 14 días. Ese es el límite que se ponen los profesionales augurando que, en caso contrario, será difícil que muchos de los locales hosteleros tendrán más que dificultades para levantar sus persianas, para una «vuelta a la normalidad» que se hace harto difícil.









