Ya no se arrancará más patata en Castilla y León

Los restos de la patata que queda sobre el terreno en Castilla y León es “inservible”, según el criterio de Cosme Catalán, director de Intersur. No se arrancará ya más. A lo desastrosa que ha sido la campaña en el ámbito económico y a la pésima calidad del tubérculo que aún está en la tierra, hay que sumar que en los almacenes queda mercancía almacenada en condiciones precarias y pidiendo a gritos salir al mercado cuanto antes. Las que se guardan para industria están, por el contrario, bien.

“Los precios son irrisorios. Es mejor ni hablar de precios. Sería hacer sangre de algo que ya no tiene remedio. Ha sido una campaña para olvidar”, resume resignado Catalán. Ahora ya hay que poner la mirada en el futuro, que depende en gran medida de si llueve o no. Es imposible hacer un pronóstico certero. El agua será determinante.

Los agricultores han podido preparar a medias el terreno, en función de si tenía tempero o no. Muchos están esperando a que precipite algo para laborear con más eficacia. De todas formas, hay mucho margen de tiempo hasta que llegue febrero y el momento de plantar. Lo que sí está claro es que esas fincas están destinadas a la patata; que no se dedicarán a otro cultivo.

En el valle de Losa, en el norte de Burgos, el año agrícola ha sido para la patata “formidable”, tal como enfatiza el gerente de Cosidel, Javier Fernández. Con buenos rendimientos, la recogida finalizó ya hace mes y medio. Llega el momento de la comercialización de la patata de siembra, por la que esta comarca losina goza de prestigio. Fernández explica que el sector está todavía tranquilo, a la espera de las lluvias. “Ese es el factor limitante. También que el precio de las de consumo es muy bajo”, dice.

No pasa nada si una patata no es perfecta La patata de aquí es sana y de calidad, con una buena trazabilidad.

Todo puede influir en que la patata para la siembra se comercialice a menos precio, aunque no saben en Cosidel cuánto se notará. De cualquier manera, el producto almacenado es de buena calidad porque el cultivo progresó con temperaturas no muy altas y frescor en el terreno.

La cooperativa El Carmen de Montorio terminó este pasado martes de arrancar lo último que le quedaba, también en Burgos, de las 300 hectáreas que habían cultivado. La campaña ha sido como “del agua al vino” si su gerente, Nicolás Serna la compara con la anterior. A pesar de todo, en calidad y producción ha estado “bastante bien”. Ha tenido que derivar a la patata en algunas zonas el agua de los pozos que, en principio, estaba dedicada al maíz.

Respecto a los precios, Serna considera “gravísimo” que en algunos supermercados estén vendiendo patata lavada y de origen francés a 1,15 euros el kilo mientras aquí quedarán parcelas sin sacar.

Según cálculos de Francisco Vilches, de Agro Valladolid, el agricultor que venda la patata ahora va a perder un mínimo de siete céntimos el kilo, con unas exigencias de calidad anormales, y todo ello mientras va entrando patata desde Francia. Todo ello en detrimento del agricultor de Castilla y León, al que perjudican mucho exigencias como lavar la patata, lo que perjudica al producto, “especialmente con vistas a su conservación”.

Para el futuro, sería necesario que el consumidor fuera consciente de que una patata cepillada puede ser mucho mejor que la lavada, y que el tubérculo no tiene que estar perfecto: no pasa nada si tiene una arruga o un agujerillo, que no perjudican al producto. Es más, “el agricultor se ve atrapado entre un consumidor que rechaza ese pequeño defecto pero que al mismo tiempo rechaza los tratamientos que serían necesarios para evitar ese pequeño defecto”.

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