
Hay obras que no solo salvan ríos, sino que marcan el pulso de toda una comarca. La construcción del nuevo puente sobre el río Esla en la década de los cincuenta fue una de ellas, y hoy su memoria suma un nuevo capítulo visual. El Centro de Estudios Benaventanos (CEB) Ledo del Pozo ha anunciado la adquisición de dos fotografías históricas, fechadas en 1953, que documentan los primeros pasos de esta emblemática infraestructura de la N-VI. Según ha confirmado el secretario de la entidad, José Mariño Serrano, una de las imágenes cuenta con el valor añadido del sello de la fotografía Pastor, estudio radicado en el número 9 de la calle Matadero de Benavente.
Para entender el contexto de estas imágenes hay que acudir a las hemerotecas de la época. El martes 8 de septiembre de 1953, el diario Imperio publicaba una crónica titulada «Un gran puente se está construyendo sobre el río Esla en las proximidades de Benavente». En aquel texto se exponía la urgencia de jubilar el maltrecho puente de Castrogonzalo, una estructura de sillería de 27 ojos que había sufrido riadas en 1739 y la voladura de cuatro de sus arcos por parte del Ejército aliado en 1808, durante la Guerra de la Independencia. Desde entonces, el paso se mantenía de forma precaria con tramos de madera y posteriores reformas de hormigón y metal que resultaban insuficientes.
Tal y como relataba la crónica del diario Imperio, el puente viejo representaba un cuello de botella insostenible para el tráfico entre Galicia y Castilla, agravado por los mercados locales de Benavente. Los turismos y camiones se veían obligados a frenar para adaptarse al paso de los rebaños de ganado. Con fina ironía, la pieza periodística confiaba en que la nueva obra evitase tales parones para que «la pescadilla gallega llegará a Madrid con más frescura y sin verse obligada a llevar por delante las ovejas de Castropepe».
Aquella infraestructura supuso un gran hito técnico. Según los datos detallados en el periódico, el proyecto del Plan de Modernización de Carreteras supuso una inversión de 11,5 millones de pesetas para levantar una estructura de 380 metros de longitud y 17 metros de ancho, diseñada con nueve bóvedas triarticuladas de hormigón en masa. La obra, ejecutada con 23.000 metros cúbicos de hormigón, 5.000 toneladas de cemento y 200 de hierro, concluyó en 1955 abriendo paso a cuatro carriles de circulación rápida. Con esta adquisición, el CEB Ledo del Pozo recupera un testimonio gráfico fundamental de la transformación del territorio zamorano.








