
133 arqueros lidiaron batalla el pasado domingo en el “campo de batalla” del Prado de las Pavas. Contendientes llegados desde tierras diversas del “reino de Castilla y León” llegaron en sus monturas. Su intención era la de mantener un arduo combate por ser el mejor arquero.
La mañana clareaba con cierta frescura pero poco a poco y a medida que el sol se plantaba en lontananza los arqueros iban despojándose de sus coloridos jubones.
Otra vez Benavente
La Concejalía de Deportes del Ayuntamiento de Benavente, Arqueros de Benavente y la Federación de Tiro con Arco de Castilla y León habían sido los encargados de abrir las hostilidades y enarbolar las banderas de una cuarta jornada de la Liga de Castilla y León de recorridos 3D que cerraba en Benavente que pone una vez más a la ciudad como un referente del arco castellano y leonés.

El lugar escogido volvió a ser del agrado de los participantes, siendo un recorrido acto para todo tipo de deportistas y que además se convirtió en el único o uno de los únicos que permite a los acompañantes y público estar presente a lo largo del mismo. El entorno era el ideal y hasta 26 dianas en forma de animales de foam se mimetizaban perfectamente en este pulmón y amplio jardín.
A lo largo de la mañana se iban sucediendo los combates en el que las distintas cuadrillas iban pasando por cada uno de los puntos, unos con más chance que otros. Y mientras unos luchaban por los puntos para la clasificación general, otros lo hacían por entretenimiento y disfrutar de este deporte.
Martínez con lo mejores
Miguel Ángel Valentín (Arqueros de Gaia) y el abulense Luis Caídas en caballeros y Rosa María Berjano (Arqueros Navaluenga) en damas, fueron los que lanzaron sus saetas más acertadas con el arco tradicional. El arquero benaventano Bernardo Martínez, vigente campeón de esta competición y uno de los seis benaventanos que estuvieron en liza. Martínez estuvo muy cerca de los primeros.
Finalizada la batalla todos los arqueros y acompañantes degustaron merecidas viandas. Un arroz a la zamorana de chuparse los dedos sorprendía a todos antes de regresar cada uno a sus tierras.






