
Como hijo del gobernador civil de la ciudad, sus primeros pasos estuvieron ligados a la capital zamorana antes de convertirse en uno de los máximos exponentes de la literatura española. Debido al cargo de su padre, el joven Leopoldo Alas ‘Clarín’ pasó su infancia en ciudades como León o Guadalajara. Sin embargo, en 1865 se trasladó a Oviedo, lugar donde estudió el bachillerato y que marcaría profundamente su producción literaria posterior.
Entre 1871 y 1878, cursó en Madrid la carrera de Derecho, materia en la que se doctoró. Fue en esta etapa donde inició su faceta periodística, colaborando activamente en diversos diarios de la época y forjando su estilo crítico. El «nombre de guerra literario» de Leopoldo Alas, «Clarín», surgió el 11 de abril de 1875. Lo utilizó por primera vez en sus artículos para el periódico El Solfeo, tomando el apelativo del personaje gracioso de la obra La vida es sueño de Calderón de la Barca.
La Regenta: un hito en la literatura española
En 1883, obtuvo la cátedra de Derecho Romano en la Universidad de Oviedo y, cinco años después, la de Derecho Natural. Ya consolidado como un crítico literario temido, publicó entre 1884 y 1885 su obra cumbre: La Regenta. La novela generó una enorme controversia en la sociedad del siglo XIX. Fue recibida con fervor por el público progresista y despertó la repugnancia de los sectores más conservadores.
Aunque solo escribió otra novela larga, Su único hijo (1891), sus más de setenta cuentos publicados en revistas lo sitúan en lo más alto del canon literario español. Por otro lado, su incursión en el teatro con la obra Teresa (1895) fue un fracaso. Sin embargo, su influencia en la narrativa española es indiscutible. Hoy recordamos al zamorano universal que murió en Oviedo en 1901 cuya aguda visión de la realidad sigue siendo objeto de estudio en todo el mundo.






