SANIDAD

Esto es lo que puedes hacer por las personas que cuidan: ¡Se puede hacer mucho con poco!

Por desgracia, el panorama de los cuidadores está bastante delicado y desestimado hoy en día. No se cuida a quien cuida. No está reconocido su papel, ni tampoco recibe los apoyos necesarios entre sus familiares muchas veces; por no decir que no está profesionalizada generalmente y quien se dedica a ello no es por vocación, sino porque se ve abocado a ello, porque no le queda otra.

Por otro lado, la persona más vulnerable de la familia es al final quien se acaba quedando al cuidado de su padre o mujer enferma, quien menos tiene que perder, el ama de casa, el que tiene un trabajo precario.

«El más vulnerable de las familias acaba siendo el cuidador. Esta labor acaba recayendo en la persona que menos tiene que perder y esto nos hace ver la poca importancia que le damos a esa persona, el que todos socialmente intentemos cambiarlo, aunque seamos profesionales de éxito es fundamental», destaca en una entrevista con Infosalus la psicóloga Marta Val, que ha dedicado su vida profesional a las personas con discapacidad o en situación de dependencia y a sus familiares.

En su opinión, el cambiar nuestras agendas de los fines de semana y sustituir a esos hermanos que cuidan de nuestros padres mayores, el llevárnoslos de vacaciones, o dormir con ellos algún día entre semana puede ser de gran ayuda para quienes cuidan. «Todos podemos hacer un hueco para que esa persona que cuida pueda tomarse esos respiros tan necesarios», afirma.

Con la pandemia, eso sí, cree que sí ha cobrado importancia (y por fin) el papel de quienes cuidan a otros. «En muchas familias, con personas dependientes o abuelos, si no hubiera existido esa figura del cuidador, de ese familiar o profesional que cuida del dependiente, las cosas no hubieran ido bien en estos meses atrás», añade.

Val, que acaba de publicar ‘Aprendiendo a cuidar’ (Larousse), recuerda también que históricamente han sido las mujeres de la casa quienes se dedicaban a cuidar de esas personas dependientes, familiares de edad avanzada o enfermos, o personas con discapacidad, si bien ahora el panorama ha cambiado con la incorporación de la mujer al trabajo.

Según destaca esta especialista, es necesario que un cuidador esté bien porque sino no podrá cuidar bien del otro: «En el libro intentamos dar estrategias y herramientas para que haga bien su trabajo y sin sacrificar su propia existencia. En el libro se habla del síndrome del cuidador quemado, si ese cuidador enferma psíquica o física no desempeñará su función bien, y no estará bien atendida la persona dependiente».

¿De qué manera podemos ayudarles los demás? Val señala que en primer lugar muchas veces pasa por valorar el trabajo de estas personas, por tratarlos dignamente, dado que si «una persona que no es bien tratada en su propio trabajo no desempeñará bien su trabajo».

Aquí advierte, además, de que si esa persona a la que le confiamos el cuidado de nuestro ser querido dependiente no trabaja adecuadamente, «el daño que puede hacer es infinito».

Así, la psicóloga ve necesario que el cuidador esté sano, pueda contar con sus respiros, se pueda cuidar a sí mismo, disfrutar y tener su espacio con su propia vida. «Esto es fundamental, y además redundará en beneficio de la persona dependiente, a la que cuidará mejor», mantiene la experta.

«SE PUEDE HACER MUCHO CON POCO ESFUERZO»

Por ello, Marta Val insiste en que «podemos hacer mucho y con poco esfuerzo» a la hora de ayudar a una persona que es cuidadora, y reitera la necesidad de ese reconocimiento a su labor, «el que cuida necesita tener el apoyo del entorno para desempeñar su tarea y también su propia vida».

Ese apoyo, según precisa, no sólo debe estar dirigido con que te ayuden a hacer cosas, sino en que se respalde y esa persona pueda tener una red para que cuando por ejemplo un día se encuentre mal, o necesite un respiro, haya otra persona que pueda sustituirle sin problemas.

Fuera del apoyo, de escuchar, y de compartir, también se debe conseguir el reconocimiento real de estas personas, en el sentido de que sean trabajos bien remunerados, con horarios establecidos, que no sea un trabajo espontáneo. «No es una cuestión que lo hago de manera altruista, es una cuestión de profesionalizarlo aunque sea un familiar, porque así lo ha decidido, pero que ese sacrificio sobre tu propia vida y profesión, que muchas veces se ve alterada, debe estar compensado de alguna manera», remarca Marta Val.

En la legislación española dice que intentan recompensar de «una manera muy sutil» con una pequeña paga para quienes abandonan su trabajo para cuidar, pero algo «casi caritativo». «Nosotros no dejamos a nuestros hijos en la guardería con voluntarios, no es algo voluntarista, pagas a alguien y le exiges que lo haga correctamente. Esa persona está remunerada con sus vacaciones y horarios, no está cansada. Mientras, a los dependientes o mayores los dejamos con quienes lo hacen de manera voluntarista y esto debe ser recompensado de alguna manera. Se deben profesionalizar estas tareas», destaca Val.

De hecho, pone el ejemplo de Reino Unido, que sí tiene reconocido y compensado económicamente la figura de ese cuidador que deja su trabajo por velar por algún familiar dependiente. «El cuidador allí es lo que aquí reconocemos como un profesional de enfermería«, avisa.

Con todo ello, la psicóloga llama la atención sobre la importancia de que ese cuidador se encuentre bien, para poder desempeñar de la mejor manera posible esos cuidados necesarios. Ahora bien, ¿cómo sospechar de que algo no va bien?

«Un cuidador no está bien cuando empieza a abandonar su propia vida, su red de amistades, un síntoma del síndrome del cuidador quemado es cuando esa persona que cuida piensa que nadie va a poder desempeñar la labor si el no está pendiente, cuando cree que nadie va a hacer su trabajo mejor que él, evita que nadie le ayude», sostiene Val.

De hecho, a su juicio ese síntoma es ya crítico y significa que el cuidador empieza a estar secuestrado por su situación y cree que es cuidador en esencia, su vida y su familia es la persona dependiente y su vida es cuidarle.

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