
En Junquera de Tera las tradiciones siguen latiendo con fuerza en el corazón de sus vecinos. Este domingo 17 de mayo, el pueblo volvió a demostrar que la fe y las costumbres heredadas de generaciones pasadas permanecen más vivas que nunca con la celebración de la festividad de la Ascensión, una jornada marcada por la emoción, el recuerdo y la unión vecinal.
Aprovechando, además, la cercanía del 13 de mayo, los asistentes rindieron homenaje a la Virgen de Fátima en un acto cargado de devoción y sentimiento, donde las oraciones, los encuentros y las muestras de cariño compartido devolvieron al pueblo ese ambiente cálido que solo las pequeñas comunidades saben conservar.
Aunque en esta ocasión la celebración religiosa no pudo contar con la presencia del párroco, debido a las crecientes responsabilidades pastorales que afrontan los sacerdotes de la zona, los vecinos no dejaron que la ausencia empañara una cita tan especial. Al contrario, la jornada se convirtió en un ejemplo de cómo un pueblo unido es capaz de mantener vivas sus raíces, sosteniendo con orgullo unas tradiciones que se niegan a desaparecer.
Porque en Junquera de Tera la fe no solo se celebra: también se siente, se comparte y se transmite de generación en generación.







