LOCAL

Diario de María Bernardo en la Olimpiada Internacional de Economía

¡¿Quién me iba a decir a mí un 14 de abril que iba a terminar en Moscú?! De hecho, si me lo hubiesen dicho hubiera jurado que aquella persona estaba loca.

Ese día fue donde comenzó todo, y, como en el efecto mariposa, una cosa llevó a otra: en el aula 006 de la Facultad de Economía, entre otras, de la Universidad de Salamanca hice el primer examen, la fase local, por así decirlo. Si ya para mí fue una sorpresa quedar la primera, quedar quinta en la fase nacional los días 25, 26 y 27 de junio era algo inimaginable. Estaba en una nube, para mí supuso un logro personal y quedó marcado todo este 2018.

Para colmo, el viernes de esa semana la presidenta de las Olimpiadas españolas, Mariluz Marco, me llama y me pregunta si estaría interesada en asistir, por primera vez, a las Internacionales en Moscú. Ya no podía creerlo, pero, antes siquiera de consultarlo con mis padres, di el “sí, quiero”. Aunque parece que todos los concursos, carreras, maratones, partidos… están muy personificados, en realidad detrás de cada persona exitosa se halla una cadena de gente de todo tipo y de todos los lugares que han estado ahí apoyándote, gastando su preciado tiempo en prepararte y que además han estado con los nervios a flor de piel esperando un WhatsApp o una llamada telefónica donde se les comunicaría qué ha ocurrido en la entrega de premios.

En el momento del viaje, todos andábamos cohibidos ya que apenas nos conocíamos. Sin embargo, ya se empezó a forjar la amistad en el vuelo de ida, de unas 4 horas y algo de duración. Llegamos allí sobre las 20 h (hora local, una hora más que en España), y resulta que el “resort” donde nos van a alojar se encuentra a alrededor de 1 hora y media en taxi. Tampoco se hizo pesado, pero entre que llegamos y nos dan de cenar se hacen las 12. No sería un problema si no nos hicieran madrugar, pero al día siguiente teníamos que estar a las 7:30 en los autobuses camino del lugar donde íbamos a llevar a cabo nuestro primer examen. El lugar escogido fue un campus universitario de un banco conocido ruso llamado Sberbank, y no solo estuvimos haciendo un examen, sino que anteriormente Eric Maskin, un economista estadounidense, nos había estado impartiendo una charla sobre la Teoría de juegos de Neumann, y posteriormente se nos dio otra charla sobre bancos por un empleado del mismo.

Centrándome en el examen, no tuvo una duración temporal establecida pero sí estuvo limitado a tres intentos. Consistía en un juego sobre finanzas mediante un ordenador en el cual se te ofrecían tres objetivos: conseguir 200.000 rublos, 250.000 o 300.000 (75 rublos equivaldrían, aproximadamente, a un euro). Tras elegir tu meta, te daban X rublos para invertir o en acciones de grandes compañías (aéreas, Apple, Spotify…), en bancos, en sociedades o en seguros, entre otras cosas, y te exponían una serie de noticias sobre las compañías ofertadas. Cuando invertías (no era necesario desembolsar todo), pasabas al año 2, y así hasta el quinto, cuando tenías que conseguir reunir el dinero propuesto al principio.

He de decir que nos supuso un reto difícil que pocos pudieron conseguir.

Sin descanso apenas, al día siguiente realizamos el segundo control, este de 4 horas en una sala del propio “resort” (lo escribo entre comillas porque era un hotel en medio de un gran bosque del que salían caminos hacia él y donde, dispersos, se podían encontrar casetas de madera, otro edificio que dedujimos que era otro hotel, e incluso una fábrica donde supuestamente se albergaba un tanque ruso. Toda esta zona se encontraba en una zona vallada, y era una misma propiedad) con preguntas tipo test y problemas (todos los exámenes, hay que aclarar, eran en inglés). La dificultad radicaba en los problemas, ya que, en mi opinión, eran muy generales y no especificaban lo que se pedía. A pesar de ello, salimos contentos.

El resto del día nos lo tomamos libre y decidimos descansar y pasear por los alrededores. Para el tema de comida, Rusia, por unanimidad, no estaba muy al día: el buffet ofrecido era escaso, con poca variedad y básicamente ofreciendo lo mismo para el desayuno, la comida y la cena. Que nadie tampoco se engañe, a la ensaladilla rusa no le encontrábamos el punto y al preguntarle por ella a una periodista rusa, nos respondió que ellos no la denominaban así ni la consideraban suya.

Al día siguiente, lunes 17, nos llevaron a dar una vuelta por Moscú, tanto andando como en bus, y por la tarde asistimos a una charla en una de las consultoras más importantes de Rusia, McKinsey&Company, que nos prepararía para la siguiente y última prueba.

A la mañana siguiente, nuestro compañero Marcos, ganador de las Olimpiadas de Economía Nacionales, tuvo que ir a buscar los folios donde venía escrito cómo debíamos desarrollar la prueba grupal por países: en ellos se nos consideraba unos empleados de un banco que debíamos crear un nuevo producto financiero para los más jóvenes. Pues bien, estuvimos en la sala común del “resort” desde las 10 o así de la mañana del martes 18 hasta las 6:30 de la mañana del miércoles, solo parando para comer. Sí, fue una paliza y apenas dormimos ese día, pero nos lo pasamos bien los cinco como grupo. Bien, acabamos sobre esa hora y a las 9:45 debíamos ir a ver, por sorteo, en qué puesto exponíamos. Dormimos lo que pudimos y, tan tranquilos (¿cómo nos iba a tocar exponer los primeros? Era una posibilidad muy pequeña), cuando llegó Marcos gritando que éramos los primeros. Creo que ninguno ha sido más rápido preparándose en la vida.

Expusimos dejando sorprendidos a los jueces porque además de la presentación habíamos creado un vídeo y una animación, y nos fuimos a desayunar una pizza.

Jueves, 20 de septiembre. Ya no teníamos ningún compromiso y el equipo español fue a Moscú para comprar y admirarla con más tranquilidad. Lo que más me impresionó fue ver la momia de Lenin en su mausoleo en la Plaza Roja, y sí, se lo ve entero vestido en esmoquin y con una luz roja de ambiente. También impresionan las estaciones de metro, las más bonitas del mundo sin duda alguna, que parecen grandes salones y donde se pueden apreciar mosaicos comunistas con Lenin y la hoz y el martillo.

Y, por último, el viernes se llevó a cabo la entrega de premios, unos premios muy variados y entre los premiados estando un compañero, Andrés (2º en las nacionales) en el grupo de los del tercer puesto. Quedando en buenos lugares tendríamos a Kazajistán, Irlanda, Letonia y Rusia, habiendo participado, además de España y de los mencionados, Nueva Zelanda, Malasia, Suiza, Myanmar, Indonesia, EE.UU. y Austria. Hicimos todos buenas migas, y coincidían en que nuestro grupo se notaba que era español ya que siempre andábamos riéndonos, juntos como una piña y hablando por los codos con todo aquel que quisiera.

De la vuelta solo comentar que se nos hizo más pesado por durar algo más y por tocarnos en asientos separados. Sin embargo, esta es una experiencia que nunca vamos a olvidar y de momento sale forjada una amistad, habiéndonos reunido los cinco (Marcos, Andrés, Pau, Jorge y yo) en Barcelona, donde vive uno de nosotros, recientemente.

Para terminar, quiero agradecer a mis profesores del instituto de Benavente, los Sauces, a la directora, Elena y también a la vicedecana, Elisa Botella, al decano Jesús Galende del Canto y a MªDolores García, profesora, todos pertenecientes a la Facultad de Economía de la Universidad de Salamanca, todo el apoyo que me han brindado. También, ¿cómo no?, a mi familia (padres, hermanos, tíos y abuelos) que, como un clan, han asistido a las entregas de premios y se han emocionado como yo, además de a mi grupo de yoga de Benavente que siempre me han estado dando ánimos y estando pendientes de lo que les iba contando.

Con todo, estos viajes sirven para ir acumulando vivencias y para que, en un futuro, miremos atrás y veamos que, en efecto, hemos vivido.

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