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El domingo 25 de octubre se cambia la hora y una vecina de Olleros de Tera ya se adelantó a Europa

Francisca Mateos Nistal recibió respuesta de la Comisión Europea hace ya 18 años

El cambio de hora llega ya el último domingo de octubre, el día 25. Es en esa madrugada cuando las agujas del reloj marquen las tres de la madrugada se tendrán que retrasar una hora, volverán a ser las dos. Es a partir de entonces cuando amanecerá y anochecerá más temprano. Es decir, que tendremos menos luz solar por las tardes.

El cambio de horario de invierno permite, según los expertos, el ahorro en el consumo energético que el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) cuantifica en un porcentaje del 5%, lo que sería aproximadamente 300 millones de euros, 90 millones corresponderían a consumo en el hogar (unos 6 euros por vivienda), y el resto, sería de la industria y servicios.

No obstante y como nunca llueve a gusto de todos, la modificación del horario parece que tendrá fecha de caducidad ya que en el Parlamento Europeo se propuso que el año 2021 sería el último año del cambio de hora, pero eso no parece ser que llegue pronto a ser una realidad. Un comité de expertos en España, todavía se encuentra en el dilema si quedarse con el horario de verano o el de invierno. En nuestro país se introdujo el cambio horario en el año 1974, años después de hacerlo varios paises europeos a raiz de la primera crisis del petróleo de los años setenta con el fin de aprovechar mejor la luz solar y así consumir menos electricidad.

Francisca Mateos Nistal muestra la carta remitida desde Bruselas

Los efectos que el cambio de hora acusan en la salud es uno de los argumentos en contra, tanto de expertos como de no pocas personas. Una de las pioneras en llamar la atención pública fue la vecina de Olleros de Tera, Francisca Mateos Nistal, quien entonces con 72 años, ahora tiene 89 años, se dirigió por escrito en el año 2001 a la Comisión Europea manifestando su descontento. Y tuvo cumplida respuesta de un alto funcionario de la Dirección General de Energía y Transportes, Roberto Salvarrami que lo hacía encargado por la propia vicepresidenta, la española Loyola de Palacio, ya fallecida.

La modificación que pedía la vecina de Olleros de Tera, Francisca Mateos, Paca como popularmente se le llama, se adelantaba al cambio que posteriormente estudiaría el Parlamento Europeo. Paca expresaba su disconformidad con la medida aprobada por la Novena Directiva, por el Parlamento Europeo y por la Unión, en enero de 2001. Una Directiva que se incorporó al ordenamiento jurídico español por Real Decreto 236/2002, de 1 de marzo. La vecina de Olleros se adelantaba al propio ordenamiento jurídico español ante su disconformidad de adelantar el reloj una hora, en el último domingo de marzo, y de retrasarlo una hora el último domingo de octubre. Mateos Nistal esgrimía en su misiva «razones de peso» que sigue manteniendo después de todos estos años transcurridos. Argumentarios como la carencia de ahorro de energía eléctrica en las oficinas, o los perjuicios que ocasiona la medida a los escolares al tener que levantarse una hora antes, así como a las personas mayores.

La respuesta del alto funcionario europeo a la vecina de Olleros de Tera tuvo eco en la propia Presidencia de la Junta de Castilla y León, en la Presidencia del Parlamento Autonómico y por si fuera poco, desde la sede del PP, en la madrileña calle Génova, interesándose por el tema y felicitando a Francisca Mateos.

Desde Bruselas, el alto funcionario de la Unión, Roberto Salvarrami, le respondía así:

«En primer lugar, deseo recordarle que el horario de verano se introdujo y se armonizó a escala comunitaria a petición de varios paises europeos a finales de los años setenta, con objeto de facilitar los transportes y las comunicaciones. En efecto, los distintos Estados que aplicaban el sistema cambiaban la hora en fechas y horas diferentes, lo que acarreaba graves complicaciones y costes suplementarios a los sectores de transporte por carretera, ferroviario y aéreo. Con la adopcioon de la Directiva se aplica un calendario único.

Dicho esto y reconociendo la existencia de ciertos efectos negativos, como la dificultad para conciliar el sueño por la noche y para despertarse por la mañana, los estudios realizados indican que estas molestias no afectaban a toda la población y que variaban de unos individuos a otros.

Por último, se ha podido constatar la completa reversibilidad de los inconvenientes sufridos en un plazo relativamente corto. Por otro lado, los mismos estudios demuestran que los jóvenes y las personas mayores aprecian la hora de luz suplementaria que se ofrece al final del día gracias al horario de verano que les permite salir más tiempo y volver a casa en pleno día con una mayor sensación de seguridad. Además, el horario de verano favorece así mismo la práctica de deportes, cuyos efectos son muy beneficiosos para la salud.

Y por último, en lo que concierne al tiempo libre, las encuestas efectuadas en los diferentes Estados miembros demostraron que el horario de verano era beneficioso para el sector del turismo, de la hostelería y de la restauración, en la medida en que la gente se quedaba más tiempo en la terraza de las cafeterías al final del día, después de los paseos y visitas realizados gracias al horario de verano».

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Un comentario

  1. Ya es hora que la diputación de de cuenta de que los pueblos pequeños o grandes necesitan colaboración de fondos públicos, que se reclama para que el pueblo recobre vida y salubridad para todos sus ciudadanos y sigan avanzando.

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