
El corazón de Benavente se ha transformado hoy en un crisol de lenguas, ritmos y tradiciones ancestrales. La antesala del Teatro Reina Sofía prometía una travesía transoceánica sin salir del municipio, y la cita no ha defraudado: el Festival Internacional de Folclore ha devuelto a la villa ese pulso vibrante que solo las artes tradicionales son capaces de despertar.
La fiesta, avalada por el sello de calidad de la UNESCO a través del CIOF, ha comenzado a fraguarse en las calles. Un vistoso y sonoro pasacalles ha arrancado en la calle Herreros, serpenteando entre vecinos y curiosos a través de la plaza Santa María y la Rúa. El retumbar de los cueros africanos y los acordes del Mediterráneo han actuado como el mejor de los reclamos, arrastrando a una marea de público que ha terminado por llenar el escenario benaventano.

Una vez encendidas las tablas del Reina Sofía, la propuesta del Ballet Jammu de Senegal marcó un debut rotundo cargado de fuerza atávica. El frenesí de su percusión en directo, sumado a la hipnótica presencia de sus máscaras tradicionales, desató las primeras grandes ovaciones. A continuación, el Ballet Folclórico de Temuco de Chile ofreció un deslumbrante despliegue de versatilidad, transitando con naturalidad desde la épica gaucha hasta la mística polinésica de la Isla de Pascua y el colorismo andino.

El viaje continuó por el Mediterráneo de la mano del grupo Città di Agrigento, que inyectó la luz del sur de Italia con unas tarantelas sicilianas de ritmo contagioso. Por su parte, la representación de Polonia puso el broche de elegancia técnica, destacando por un riguroso repertorio vocal y una precisión en los bailes regionales que encandiló a los asistentes.








