
Villabrázaro cuenta desde hace un lustro con un auténtico oasis para los animales más vulnerables: el Proyecto CESA Villabrázaro. Este refugio de gatos, fundado por la vecina Beatriz Santiago Lermas, ha logrado transformar por completo la gestión felina en este municipio de la comarca de Benavente. Lo que comenzó como una terapia personal recomendada por su psicóloga para superar una depresión, se ha convertido hoy en un proyecto de vida que ya ha castrado a 55 felinos y ha conseguido dar en adopción a más de 50.
«Apareció justo una gata con cinco bebés en muy mal estado; solo sobrevivió uno. En ese momento decidí que había que castrarla para evitar que siguieran naciendo cachorros enfermos. Ahí arrancó todo«, relata Beatriz con la cercanía de quien hace de la compasión su rutina diaria.
Un taller de madera convertido en un refugio de primer nivel
El albergue se ubica en las dependencias de un antiguo taller de madera de la localidad. Tras ser adquirido, Beatriz y su expareja (quien sigue siendo su mano derecha en esta causa) decidieron acondicionar la parte superior y el patio bajo para albergar a los animales callejeros.
Actualmente, las instalaciones albergan a 26 gatos, mientras que un vigesimoséptimo miembro se recupera temporalmente en una habitación adaptada en el propio domicilio de Beatriz debido a un cuadro severo de anemia y pérdida de visión por trombos.
A diferencia de otras protectoras de la provincia de Zamora, el perfil de los huéspedes de este centro es muy particular:
- Gatos ferales y callejeros: La inmensa mayoría son asilvestrados. Solo 4 o 5 se dejan acariciar por Beatriz.
- Sin colonias en las calles: Gracias al incansable trabajo del proyecto, en Villabrázaro ya no quedan colonias felinas descontroladas en las vías públicas.
- Instalaciones adaptadas: El suelo es de madera, cuentan con alfombras, pasarelas de altura y un patio exterior completamente vallado y protegido con redes en el techo para evitar que salten a las viviendas colindantes y asegurar la buena convivencia vecinal.
«No hay peleas por el liderazgo ni por territorio porque todos los gatos están castrados. Tienen sus rutinas, sus escondites y cámaras de seguridad con las que los vigilo constantemente para detectar si alguno se encuentra enfermo«, explica la fundadora.
El día a día requiere un esfuerzo logístico inmenso. Beatriz y su compañero acuden un mínimo de dos veces al día para limpiar los areneros (cuentan con cuatro de gran tamaño en la planta superior y dos en el patio de tierra) y asegurar que el alimento no se estropee con el calor.


Tecnología, «jamón york» y convivencia sin rivalidad
Aunque el espacio acoge a más de una veintena de felinos, la armonía reina en el refugio. Al estar todos castrados, se eliminan las peleas territoriales. Sin embargo, el carácter feral de la mayoría de ellos obliga a Beatriz a agudizar el ingenio para cuidarlos:
- Vigilancia por cámaras: Para controlar la salud de los animales más esquivos, Beatriz monitoriza sus movimientos nocturnos mediante cámaras de seguridad.
- El truco del jamón: «A los gatos que no se dejan tocar, les envuelvo la medicación en jamón york y se la lanzo. Luego dejo el móvil grabando para comprobar al revisar el vídeo que realmente se la han comido«, revela divertida.
Llaveros de resina, mercadillos y el apoyo del Ayuntamiento de Villabrázaro
Mantener unas instalaciones de este tipo requiere un esfuerzo económico titánico. Un solo gato enfermo puede traducirse en facturas veterinarias de más de 300 euros, y la colonia del refugio consume unos 40 kilos de pienso al mes.
Para sufragar estos gastos, el Ayuntamiento de Villabrázaro colabora anualmente con una subvención de 600 euros. Sin embargo, el grueso de los fondos se consigue gracias a la artesanía y la solidaridad de los comercios de la comarca:
- Artesanía familiar: Beatriz fabrica llaveros y carteras de resina, su madre elabora jabones naturales y su padre realiza cuadros de madera tallada.
- Mercados locales: El proyecto participa activamente en ferias y mercados de la comarca y de Benavente durante todo el año.
- Puntos de venta solidarios: Establecimientos colaboradores de Benavente venden sus productos artesanos.
- Donaciones particulares: Vecinos de la zona aportan sacos de pienso, latas de comida húmeda y realizan aportaciones directas para costear tratamientos de urgencia.
Las luces y sombras del rescate animal en el entorno rural
No todo son finales felices. En estos cinco años de trayectoria, Beatriz ha tenido que enfrentarse a situaciones dolorosas que empañan la labor de protección animal en la comarca de Zamora.
«Lo peor que me ha pasado es el envenenamiento de animales en la calle. Cuesta muchísimo dinero y esfuerzo castrarlos y cuidarlos para que luego alguien les ponga veneno porque les molestan en los jardines. La denuncia está puesta«, lamenta con firmeza.
Pese a los obstáculos, las satisfacciones superan la crueldad. Gatos como Kiara (cedida por su dueña), Lossi (rescatado del polígono industrial de Villabrázaro), la pequeña Aria o el astuto Iñaki —un gato negro tan inteligente que aprendió a abrir el grifo del patio, obligando a Beatriz a diseñar un protector de madera para la manilla— demuestran que el Proyecto CESA es un ejemplo de empatía y resiliencia rural digno de ser apoyado por todos los zamoranos.









