DEPORTES

Joselu da la victoria «in extremis» al At. Benavente ante un Tres Cuñados peleón

ATLETICO BENAVENTE 2.- Marcos Vara, Sergio Simón, Samu, Ángel Jiménez y Sergio Hernández. Luego jugaron, Malaguti, Álex, Escu, Joselu, Yayo y Novoa.

LOS TRES CUÑADOS 1.- Vedo, David, Bencho, Bruno y Dilín. Luego jugaron, Durán, Juanma, Javi, Corzo y Kiko.

Árbitros.- Cañas Mañas y Morezuela Hernando. Amonestaron a los locales, Marcos Vara, Samu, Sergio Hernández, Ángel Jiménez, Malaguti, Joselu y Tomy y Escu en dos ocasiones por lo que fue expulsado. Por parte de los visitantes fueron amonestados. Bruno, David, Juanma y Morán.

Goles.- 1-0 Yayo (7´), 1-1 Bruno (19´), 2-1 Joselu (40´).

Muchas veces se ha oído el dicho de “más vale perder un segundo en la vida, que la vida en un segundo”. Pues ese segundo, o décimas de segundo, es el que puede dar junto con el clamoroso gol errado semanas atrás por Juan Cruz, un título liguero al Atlético Benavente. Un segundo en el que pasó de casi todo y que parecía no tener fin. Fue el segundo más largo en la vida de los aficionados atléticos que, otra vez más, volvieron a llenar el pabellón de la Rosaleda.

Hasta ese minuto el partido estuvo muy igualado, principalmente la primera mitad, en la que incluso no es descabellado decir que los visitantes fueron superiores en varios tramos ante un equipo de Chema Sánchez al que le faltó el espíritu de otras ocasiones.

Sin embargo fueron los locales quienes abrieron la senda del triunfo con una frivolidad de Yayo que de espuela y de espaldas al marco de Vedo cambiaba la trayectoria de un balón que felizmente para la parroquia local acababa en gol.

Quisieron los visitantes hacer bueno ese dominio de la primera mitad también en el marcador, pero sus jugadores eran incapaces de batir a un Marcos Vara de talla que se multiplicaba en la cancha.

Todo parecía indicar que el partido firmaba el momentáneo 1-0 al descanso cuando tras un saque de esquina los chatarreros comenten un error de marca que permite a Bruno empatar casi sobre el bocinazo dejando una tablas, justas para lo visto en el primer periodo.

En la segunda mitad, el partido cambió totalmente para los locales que llegaron a golpear hasta en cinco ocasiones en los postes de la portería rival para desesperación de los de cancha y de los de la grada que veían como las aspiraciones de victoria se desvanecían con el paso de los minutos. Cuando los postes no lo impedían, era su guardameta quien se interponía entre el balón y las redes. Y de esa guisa hasta el último suspiro.

El empate podía ser bueno, pero Chema Sánchez no sabe otra cosa que ganar, aun sabiendo que se podía perder. Era jugar con un arma de doble filo en el que el técnico se mueve como pez en el agua y que deja bien claro el por qué de su carisma y calidad como entrenador. Él vio lo que pocos vieron y optó por a falta de quince segundos dar entrada a Joselu como portero jugador exponiendo que un robo de balón pudiera ser el gol de la victoria visitante.

Los segundos finales pasaban y Ángel Jiménez le deja la pelota a un Malaguti que la pone de primeras para el de San Cristóbal, todo esto con la bocina sonando, y Joselu bajo la música del claxon todavía logra el 2-1. Instantes después se escucha el pitido final de los árbitros, los únicos que tienen potestad para decretar el final del partido. Por lo tanto, gol válido y si fuera lo contrario espero que me rectifique mi amigo y árbitro José Herrero.

Por supuesto que la adrenalina que pululaba en la Rosaleda desde ese momento fue bestial sabedores de que ese gol puede valer, si en los siguientes cinco partidos no se falla, una liga. Bendito último segundo.

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